![]() e-mail de contacto ruben@sindominio.com |
El BOOM del Coaching. Que en los últimos años se ha producido un aumento de esta actividad tanto en el ámbito de los recursos humanos como a nivel más general, es algo bastante evidente. Hace poco tiempo, en el suplemento Negocios del diario El País, se decía: “No hay semana, prácticamente no hay día en que no se anuncie un curso, una jornada o un taller de coaching. La disciplina de moda en la gestión de recursos humanos”. Pocas semanas después, en un monográfico especial de la Vanguardia, en una entrevista a la directora de un despacho especializado en coaching ejecutivo, a la pregunta: “En momentos de crisis económica como el que estamos atravesando, ¿crece la demanda de servicios coaching orientados a la consecución de motivación profesional?, respondía: Sí, por supuesto. Para salir de la crisis tenemos que transformar nuestro paradigma de pensamiento, salir de la zona de confort, alimentar una mentalidad más positiva, mantener la serenidad, buscar nuevas vías de actuación ante problemas diferentes. En este sentido es donde el coaching puede ayudar a los directivos y empresarios” (24-04-2010). Con el propósito de realizar una aproximación a las razones que han motivado este auge, plantearemos una serie de cambios importantes que se han producido en la sociedad occidental en las últimas décadas y que, a nuestro entender, están relacionados con el fenómeno que analizamos. Se trata, sin embargo, de aspectos complejos, cuya gestación y evolución está lejos de cualquier casuística lineal o unilateral. ¿A qué se debe pues este fenómeno? Desde nuestro punto de vista, básicamente, a cuatro factores que, como acabamos de mencionar, están íntimamente interrelacionados. 1. “Atomización” de la sociedad, sobre todo, en las grandes ciudades Entendemos por “atomización” la formación de núcleos de convivencia cada vez más reducidos (familias nucleares, monoparentales, hogares de un solo individuo, etc.) que han supuesto una progresiva pérdida de los vínculos y del apoyo social que antes proporcionaban la familia extensa y las llamadas “redes de parentesco”. A partir de estrategias, más o menos ritualizadas, la comunidad (“allegados”) acompañaba a los individuos a lo largo del ciclo vital (nacimiento, muerte, emparejamientos, etc.) y establecía unas pautas de convivencia tradicionales basadas en la reciprocidad y la cooperación mutua. El advenimiento de la sociedad industrial urbanizada ha ido colocando al individuo en una situación de aislamiento, soledad e indefensión frente al sufrimiento, las dificultades del convivir y, en definitiva, frente a su propia existencia. 2. Secularización La progresiva pérdida de las creencias y de las prácticas religiosas tradicionales, en muchos casos como reacción frente al peso y el control que ejercía en nuestras vidas -especialmente a nivel moral (con el binomio “culpa-castigo”)- ha llevado a la sociedad actual a organizar sistemas de convivencia regidos por un ordenamiento civil en el que el papel que ejercía la religión en la vida de los individuos, se va limitando, cada vez más, al terreno de lo privado y de las opciones individuales. Aparecen nuevas posibilidades -divorcio, aborto, nuevas familias, etc.- que si bien enriquecen el espectro de las opciones individuales e interpersonales, introducen mayor incertidumbre a la hora de planificar y gestionar la vida. 3. Colapso del modelo médico hegemónico Frente a situaciones de “naufragio vital” la medicina, desde finales del siglo pasado, se fue erigiendo poco a poco como el “remedio” ideal de todos estos males “modernos”. Como encargado de ejercer esta misión, el médico primero se ocupó del cuerpo y, progresivamente, también del “alma”, accediendo a un lugar que antes había estado reservado al sacerdote, al consejero espiritual, al anciano, al chamán. En este modelo las dolencias del cuerpo se fueron especializando y, paulatinamente, apareció el experto en asuntos de la mente y de los “problemas cotidianos” –conflictos de parejas, de la crianza, dudas, inseguridades, dificultades en el mundo del trabajo, etc.- de manera que progresivamente se produce una “psiquiatrización de la vida” y muchas dificultades adquieren el status de “enfermedad” (mental). Pero como el curso de la vida es imparable, resulta que estos problemas desbordan al sistema sanitario y, desde hace ya unos años, estas demandas están siendo “expulsadas” del campo de los expertos para reorientarlas nuevamente a los individuos, pues son ellos quienes deben “gestionar” y encontrar las soluciones correspondientes –autoayuda, grupos de apoyo, asociaciones de afectados, etc.-. Se trata de “dolencias” que no forman parte de la cartera de servicios que ofrece el sistema (público) de salud. No son enfermedades y, por tanto, la responsabilidad recae básicamente en el individuo. 4. Las tecnologías del yo A partir de esta delegación por parte del modelo médico, va apareciendo en la sociedad occidental un nuevo discurso que desde la premisa: “no estás enfermo, simplemente algo va mal en ti”, abre un enorme abanico de posibilidades “terapéuticas”. Puesto que se trata de “ayudar” y no de “curar”, comienzan a surgir todo tipo de terapias, desde las “psi” –de las cuales se han contabilizado más de 300 ofertas diferentes- pasando por las técnicas orientales, la reflexología, la risoterapia, el grito primario, la danza y arte terapia, el counseling, mentoring, coaching -corporal, operativo, espiritual, estructural, etc.-, por citar unas cuantas de la muchas propuestas que aparecen en un mercado cada vez más especializado. Frente a la sociedad premoderna que situaba fuera del individuo los males que afectaban el “cuerpo” –virus, bacterias, agresiones ambientales, etc.- y también el “alma” –injusticia, explotación, carencias, abandonos, etc.- la sociedad actual traslada al individuo la responsabilidad de gestionar su vida y conquistar la felicidad. El nuevo lema sería, pues: "ocúpate de ti mismo y de tus asuntos”. Y para esa tarea están a disposición de los individuos las que M. Foucault denominó “las tecnologías del yo”. Por supuesto que estamos en pleno apogeo de este modelo y, por tanto, es difícil prever qué va a suceder a partir de ahora. Probablemente de toda esta abundante y sofisticada oferta quedará aquella que, a partir de una buena práctica, ayude a los individuos en la difícil, pero apasionante, tarea de vivir. R. D. Gualtero |
